Miau by Benito Pérez Galdós — Read

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-No seáis tontos. con vosotros nadie se mete. ¿Por quién me tomáis? ¿Por algún Ministro sin entrañas, que quita el pan á los padres de familia para darlo á cualquier gandul? Porque vosotros también sois padres de familia y tenéis hijitos que mantener. No os asustéis, y tomad más miguitas. Creed que si mi mujer hubiera sido otra, la de Ventura, por ejemplo, yo no habría llegado á esta situación. La esposa de Ventura, de quien la mía se burla tanto porque dice bacalao de Escuecia, vale más que ella cien veces. Con Pura no hay dinero que alcance; ni la paga de un Director. El maldito suponer, el trapito, las visitas, el teatro, los perendengues y el morro siempre estirado para fingir dignidad de personas encumbradas, nos perdieron. No temáis, tontos; podéis acercaros, aun tengo más migas. En cuanto á Milagros, vosotros convendréis conmigo en que, si es buena y sencilla, no por eso deja de ser una inutilidad como su hermana. ¡Qué bien hizo aquel que se tiró al agua! Pues si no se tira y carga con ella, á estas horas se habría ahogado cien mil veces quedándose vivo, que es lo peor que le puede pasar á un cristiano. Entre las dos hermanitas me han tenido á mí lo mejor de mi vida con un dogal al cuello, aprieta que te apretarás. No dirán que me he portado mal con ellas, pues desde que me casé. Ahora me ocurre que, cuando fuí á pedir al señor Escobios la mano de su hija, el apreciable médico del Cuarto Montado debió arrearme un bofetón que me volviera la cara del revés. ¡Ay, cuánto se lo hubiera agradecido más adelante!. Coman, coman tranquilos, que aquí no estamos para quitarle el pan á la gente. Pues decía que desde que me casé hasta la fecha, he sido víctima de la insubstancialidad y el desgobierno de esas dos tarascas, y no podrán quejarse de que no he sido sumiso y paciente, ni tampoco de que las abandono y las dejo en la miseria, pues no me he determinado á recobrar mi libertad sino al saber que quedan al amparo de Ponce, que es un bendito y les mantendrá el pico, pues para eso le dejó todas sus migas el tío notario. ¡Ay, ínclito Ponce, y qué mochuelo te toca! Ya verás lo que es canela fina. Si no tienes cuidado, pronto te liquidan. te evaporan, te volatilizan, te sorben. Allá se las haya. Yo he cumplido. he cargado mi cruz treinta años; ahora, que la lleve otro. Se necesitan espaldas jóvenes. y el peso es mayúsculo, amigo Ponce. Ya lo verás. Si he de ser franco, te diré que mi hija, sin ser un talento, vale más que su mamá y su tía; tiene algunas ideas de orden y previsión; no es tan amiga de echar plantas. Pero cuidadito con ella, Ponce amigo, porque ó yo no entiendo nada de afectos y afecciones de mujeres, ó á mi Abelarda le gustas tú lo mismo que un dolor de muelas. Nadie me quita de la cabeza que ese peine de Víctor le había sorbido los sesos. Pero cásese en buen hora, y si son felices las señoras Miaus, y aprenden ahora lo que ignoraban en mi tiempo, yo me alegraré mucho y hasta las aplaudiré desde allá: vaya si las aplaudiré.

Con estas meditaciones, harto más largas y difusas de lo que en la narración aparecen, se le fué pasando la tarde á Villaamil. Dos ó tres veces mudó de sitio, destrozando impíamente al pasar alguno de los arbolillos que el Ayuntamiento en aquel erial tiene plantados. «El Municipio-decía-es hijo de la Diputación Provincial y nieto del muy gorrino del Estado, y bien se puede, sin escrúpulo de conciencia, hacer daño á toda la parentela maldita. Tales padres, tales hijos. Si estuviera en mi mano, no dejaría un árbol ni un farol. El que la hace que la pague. y luego la emprendería con los edificios, empezando por el Ministerio del cochino ramo, hasta dejarlo arrasadito, arrasadito. como la palma de la mano. Luego, no me quedaría vivo un ferrocarril, ni un puente, ni un barco de guerra, y hasta los cañones de las fortalezas los haría pedacitos así».

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