Miau by Benito Pérez Galdós — Read

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Á eso de las once entró doña Pura bastante sofocada, seguida de un muchacho recadista de la plazuela de los Mostenses, el cual venía echando los bofes con el peso de una cesta llena de víveres. Milagros, que á la puerta salió, hízose multitud de cruces de hombro á hombro y de la frente á la cintura. Había visto á su hermana salir avante en ocasiones muy difíciles, con su enérgica iniciativa; pero el golpe maestro de aquella mañana le parecía superior á cuanto de mujer tan dispuesta se podía esperar. Examinando rápidamente el cesto, vió diferentes especies de comestibles, vegetales y animales, todo muy bueno, y más adecuado á la mesa de un Director general que á la de un mísero pretendiente. Pero doña Pura las hacía así. Las bromas, ó pesadas ó no darlas. Para mayor asombro, Milagros vió en manos de su hermana el portamonedas, casi reventando de puro lleno.

-Hija-le dijo la señora de la casa, secreteándose con ella en el recibimiento, después que despidió al mandadero,-no he tenido más remedio que dirigirme á Carolina Lantigua, la de Pez. He pasado una vergüenza horrible. Hube de cerrar los ojos y lanzarme, como quien se tira al agua. ¡Ay, qué trago! Le pinté nuestra situación de una manera tal, que la hice llorar. Es muy buena. Me dió diez duros, que prometí devolverle pronto; y lo haré, sí, lo haré; porque de esta hecha le colocan. Es imposible que dejen de meterle en la combinación. Yo tengo ahora una confianza absoluta. En fin, lleva esto para dentro. Voy allá en seguida. ¿Está el agua cociendo?

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