Explore "Torquemada en la Cruz" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Tristísimo fue aquel día para el pobre ciego, porque desde muy temprano le atormentó la idea de que su hermana se estaba casando, y como fijamente no sabía la hora, a todas las del día y en los instantes todos estaba viéndola casarse, y quedar por siempre prisionera en los brazos del aborrecido monstruo que en mal hora llevó el oficioso D. José a la casa del Águila. Hizo el polvorista imposibles por distraerle; propuso llevarle de paseo por todo el Canalillo hasta la Moncloa; pero Rafael se negó a salir del corralón. Por fin metiéronse los dos en el taller, donde Valiente tenía que ultimar un trabajillo pirotécnico para el día de San Agustín, y allí se pasaron tontamente la mañana, decidor el uno, triste y sin consuelo el otro. A Cándido le dio aquel día por enaltecer el arte del polvorista, elevándolo a la categoría de arte noble, con ideales hermosos, y su correspondiente trascendencia.
Quejábase de la poca protección que da el Gobierno a la pirotecnia, pues no hay en toda España ni una mala escuela en que se enseñe la fabricación de fuegos artificiales. Él se preciaba de ser maestro en aquel arte, y con un poquitín de auxilio oficial haría maravillas.