Explore "Torquemada y San Pedro" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Obra de romanos era, en verdad, la tal reconciliación, y para poder llevarla a cabo, como decía D. Francisco, hubo de intervenir nuevamente, con más diplomacia que religión, el buen Gamborena, asistido del excelente Donoso y de Rufinita. Por fin, Cruz y Torquemada se juntaron a comer un día, y las paces quedaron hechas, mostrándose ambos dispuestos a la concordia, aunque siempre reservados sobre los puntos graves del cisma que los separó. Por dicha de todos, aquel día tuvo el señor Marqués buen apetito, y comió de cuanto llevaron a la mesa, sin que nada le hiciera daño, cosa rara, pues sus digestiones habían llegado a ser harto difíciles.
No las tenía todas consigo el misionero, y tanto él como Donoso sospechaban que la aproximación no era sustancial, sino más bien aparente, y que los corazones de ambos permanecían distantes uno de otro, lo que se confirmó en la práctica, a los pocos días de establecido el modus vivendi, pues tales cosas pidió y quiso ejecutar D. Francisco, que los mismos negociadores se asustaron.