Torquemada y San Pedro by Benito Pérez Galdós

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-"¡Qué tengo que hacer., qué tengo que dar!" - repitió Gamborena frunciendo el ceño . Siempre ha de tratar usted este asunto, como si fuera una operación mercantil. ¡Cuánto más le valdría olvidar sus hábitos y hasta su lenguaje de negociante! Lo que tiene usted que hacer, señor mío, es purificar su alma de toda esa lepra de la codicia, ser bueno y humano, mirar más a las innumerables desdichas que le rodean para remediarlas, y persuadirse de que no es justo que uno solo posea lo que a tantos falta.

- Total, que hay muchos, muchísimos pobres. Yo también he sido pobre. Si ahora soy rico, a mí mismo me lo debo. Yo no he fracturado cajas de nadie, ni he salido a un camino, con trabuco. Y otra cosa: todos esos pobres que pululan por ahí, yo no los he hecho. ¿Pero no dicen ustedes que es muy bonito ser pobre? Dejarlos, dejarlos, y no nos metamos a quitarles su divina miseria. Lo cual no es óbice para que yo, en mi testamento, mande repartir socorros, aunque, la verdad, nunca me ha gustado dar pábulo a la holgazanería. Pero algo dejaré para ayuda de un hospital, o de lo que quieran, ¡ñales!. dispénseme, se me escapó. Y al santo clero, también le dejaré para misas por mí, y por mis dos esposas queridas; que justo es que el cleriguicio coma. La verdad, hay mucha miseria en el sacerdocio parroquial.

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