Nazarín by Benito Pérez Galdós — Read

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En cuanto se juntaron mujeres y hombres, ya de día claro, para proseguir el triste viaje, Beatriz y su compañera corrieron a ver a Nazarín y a informarse de cómo había pasado la noche. No hay que decir la amargura hondísima que les causó ver en su venerable faz señales de golpes, magulladuras horrorosas en brazos y piernas, y en todo él un triste decaimiento. La de Móstoles se puso lívida, y en su turbación no acertó a preguntarle quién había sido el autor de tan monstruosa barbarie. La de Polvoranca se retorcía los brazos cual si tuviera ligaduras y quisiese romperlas; apretaba los puños y rechinaba los dientes. La caravana se puso en marcha en el mismo orden que el día anterior, sólo que Nazarín llevaba de la mano a la niña y a Beatriz a su lado, y Ándara iba delante con el viejo. Éste la informó de lo ocurrido lal noche anterior en el departamento de los hombres.

- Del principio de la cuestión no pude enterarme, porque estaba durmiendo. Cuando desperté a los gritos de aquellos brutos, vi que caían sobre el pobre sacerdote y le daban muchísimos golpes. No exagero. Todos le pegaron, menos uno, el cual salió después a la defensa de Nazarín y se impuso a la canalla. De los dos criminales que van a retaguardia atados codo a codo, el de la derecha, el procesado por parricidio, fue quien maltrató a tu maestro y quien le llenó de ultrajes, el de la izquierda, procesado por robar candeleros y vinajeras de las parroquias, tomó el partido del débil contra los fuertes. Se hizo después amigo del sacerdote, y éste le dijo muchas cosas de religión para que se arrepintiera.

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