Explore "Episodios Nacionales Para Niños" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al fin entramos en la ciudad saqueada, aún llena de mortal espanto. Aún no había sido lavada la sangre que manchaba sus calles ni sabían exactamente los cordobeses a ciencia cierta el dinero y cantidad de alhajas que les había robado. Antes que en contar lo que les quedaba pensaron en armarse, y si antes habían ido a la lucha los campesinos, siguiendo a los regimientos provinciales y las milicias urbanas, después del saqueo todas las clases de la sociedad se apercibieron para lo que más que la guerra era un ciego plan de exterminio, pues no se decía vamos a la guerra, sino a matar franceses.
Pasaron días. Aguardando la llegada de Castaños para incorporamos a él, yo hacía una vida vagabunda y holgazana. Como el servicio del joven don Diego no exigía más que presentarme en la posada a la hora de comer, pasaba el día y parte de la noche discurriendo por aquellas tortuosas calles, que convidan al transeúnte a perderse en ellas, entregándose al azar, a lo aventurero, a lo desconocido, sin saber a donde se va ni de donde se viene. (Un paréntesis para deciros que en mis vueltas y revueltas sentí la sombra, el aliento, el aroma de mi cuento de hadas, que en algún escondido repliegue de la morisca ciudad misteriosamente se ocultaba… ¿Lo adiviné, lo presentí, me lo reveló algún súbito roce entre dos hechos, un choque entre una palabra de aquí y otra de allá? No puedo responderme. Creo que hubo de todo, adivinación, indicio, relámpago… Pero he prometido echar la llave al arca del cuento y, ¡ras!, cierro y sigo).