El Doctor Centeno by Benito Pérez Galdós — Read

Explore "El Doctor Centeno" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.

Cuando la criada de la tiíta Isabel abría la puerta, lo primero que se veía. Hablemos con claridad: allí no se veía nada hasta que el visitante se iba acostumbrando a la oscuridad, hasta que sus ojos, ávidos de ver, no pescaban, digámoslo de este modo, en el fondo de las tinieblas este o el otro objeto para sacarlo al espacio visible. Antes que tal fenómeno ocurriera, y no ocurría jamás sin gran trabajo y paciencia de la retina, el visitante percibía gratísimos olores de plantas aromáticas, tomillo, mejorana y orégano, de tal manera fuertes, que se creía en la puerta de un establecimiento de herbolario. Después que había olido bien, empezaba a ver, y lo primerito era una pareja de gatos, grandes, gordos, manchados, saltones. Se daban a conocer primeramente por sus dorados ojos, algunas veces con reflejos verdosos como los del fondo del mar, y luego se distinguían sus blandas piruetas y sus escurridizos rabos.

En la sala, repentino contraste; mucha luz esparcida y un no sé qué de regocijo. Allí aparecía otra vez la familia gatesca, aumentada con dos o tres chiquitos y muy monos, y reforzada con vivaracho perrillo, el cual no cesaba de ladrar o de rezongar enfadadísimo, debajo de un mueble, todo el tiempo que duraba la visita.

Reading navigation