Explore "Gloria" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Ha llegado la ocasión. A su hazaña debe preceder su retrato. Era D.
Silvestre joven, sanguíneo, fuerte, grandullón de cuerpo, animoso hasta la temeridad, ambicioso de aplausos y ganoso de estar siempre en primera línea; grande amigo de sus amigos, y al propio tiempo muy alegre, muy rumboso, vivísimo de genio, generoso y de trato galán y campechano con grandes y pequeños. En la Iglesia, las hembras le querían mucho, porque predicaba con alta entonación y dramático y pintoresco estilo; los varones también, porque despachaba la misa en un momento. Así es que cuando decía misa el padre Poquito, que era de mucha pesadéz, todos aquellos fieles, abrumados de ocupaciones, se quedaban charlando en la plaza.