La Familia de León Roch by Benito Pérez Galdós

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Tristísimo fué el pronóstico de los médicos.

Sin embargo, indicaron que el desenlace funesto estaba aún lejano, con lo cual hubo esperanzas y algún sosiego en la casa. Tan consolador es el tiempo que está por venir como el que ha pasado, y las desgracias aplazadas, así como las transcurridas, se pierden en ese indeterminado horizonte detrás del cual está el ancho hemisferio del olvido. En la familia de Tellería empezó á renacer la calma, y cada individuo de ella fué recobrando poco á poco su habitual carácter. Gustavo era diputado y pasaba todo el día en el Congreso. La Marquesa, sin dar completamente tregua á la pena real que la dominaba, había recobrado aquella dulce expresión de conformidad con el mundo terrestre, mezclada siempre de cierto pietismo quejumbroso, de lo cual resultaba una especie de resignación á gozar. Las cosas fútiles la ocupaban largas horas. Una mañana encontróla León muy indecisa enfrente de una elección de sombreros de verano, traídos de la tienda. Había allí todas las variedades creadas cada mes por la inventiva francesa. Veíanse nidos de pájaro adornados de espigas y escarabajos, esportillas hendidas con golpes de musgo, platos de paja con florecillas silvestres, casquetes abollados, pleitas informes con picos de candil, cubiletes con alas de chambergo y pechugas de colibrí, solideos rodeados de gasas, en fin, todas las formas extravagantes, atrevidas ó ridículas con que la fantasía delirante de los artistas de modas emboba á las mujeres y arruína á los hombres. La Marquesa los miró todos, agraciando á cada cual con una observación picante y discreta, como mujer de refinadísimo gusto. Se puso algunos, los probó ante el espejo moviendo su cabeza para buscar mejor los efectos de línea y de color, y al fin los devolvió todos á la caja, diciendo:

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