La Familia de León Roch by Benito Pérez Galdós

Explore "La Familia de León Roch" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.

La señora de Roch fué muy temprano á San Prudencio. Tiempo hacía que madrugaba para cumplir sus deberes piadosos, tornando á casa á las nueve, con lo que evitaba hallarse entre el tumulto de fieles y de damas amigas que iban á las horas cómodas. Aquel día, que era domingo, madrugó mucho y salió muy temprano de la iglesia, cumplido el precepto que más halagaba su espíritu. Como de costumbre, pasó parte de la mañana en lecturas religiosas; pero ha de advertirse que no había buscado sus textos en nuestra rica literatura mística, fundida en el crisol del espiritualismo más puro y que arrebata el alma creyente, ya encendiendo en ella divinos fuegos, ya embelesándola con un discurrir metafísico y quintesenciado.

María apacentaba su piedad, triste es decirlo, con lo peor de esta literatura religiosa contemporánea, que es en su mayor parte producto de explotaciones simoniacas, literatura de forma abigarrada y de fondo verdaderamente irreligioso tirando á sensual, que combinada con el periodismo y con las congregaciones, es uno de los negocios editoriales más extensos de la librería moderna. Mucho de esto nos viene aquí traducido del francés y tiene un sello de mercantilismo que convida á la profanación. No falta al exterior la consabida elegancia material que la industria contemporánea imprime á todas sus obras, y por dentro el verso y la prosa alternan en la expresión del pensamiento; pero ¡qué verso, qué prosa! Hay ideas que reclaman la sencillez, vestidura propia y genuína, sin la cual no pueden existir; hay sentimientos que exigen la seriedad y la majestad como su natural vehículo, y sin él degeneran en afectada declamación. Incapaz María de comprender esto, hallaba elocuente y sublime un escrito en el cual, para celebrar la presencia de Cristo en la Hostia, se hablaba de armonía y silencio, de fuentes selladas, de manantial de amores, de celestial sonrisa, de flores de José, de oro puro, de la mirra del arrepentimiento, del incienso de la oración, de seráficos incendios, de horno que á un tiempo refresca y reanima, de brisas suaves, de perfumes, de virginales y solitarios espíritus, de banquete fraternal, de perla única y celeste rocío del nuevo Edén. Este lenguaje, que habla tan sólo á los sentidos, cautivaba á la señora más que cualquier otro lenguaje.

Reading navigation