Explore "La Desheredada" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aunque Augusto no manifestó su propósito, lo tenía, y muy firme, de no abandonar a la infeliz mujer que tan sola y en peligro de ruina estaba.
Volvió al día siguiente; mas quiso Dios que fuese aquel uno de esos días lúgubres que anublan la perpetua alegría de los meses de Madrid, uno de esos días, por desgracia no muy raros, en que el vecindario está tristísimamente impresionado por una terrible solución de la justicia humana, y encuentra, a su paso por ciertas calles, manifestaciones patibularias que llevan el pensamiento a cosas y personas de edad muy remota.