Explore "Ángel Guerra" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Estaba de Dios que aquel día fuese memorable para Guerra, porque en él ocurrieron cosas que parecían dispuestas con cierto orden escénico o teatral para afectarle profundamente. Por la mañana, a la hora en que Dulce le visitó, hallábase Leré fuera de casa: Había ido al cementerio, como todos los días, a poner flores en el sepulcrito de la niña, y apenas se despidió la esposa ilegal, sintieronse los pasos de Leré, que en aquel momento entraba. Salió Ángel a su encuentro, y la vio quitándose el manto por el pasillo, antes de llegar a su cuarto, tal era su anhelo de franquearse para las faenas que había dejado pendientes.
Traía la cara encendida, por la prisa del regreso, y quizás por haber llorado en el campo santo. Basilisa, que la acompañó, también traía la cara como un pavo.