Explore "Ángel Guerra" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Bastante después de medianoche, Guerra se adormeció, apoyando el codo en el brazo de la butaca, y la cabeza en el puño cerrado. Fue tan solo un bosquejo de sueño, sin perder totalmente la apreciación de lo real; pero entre brumas y contornos indefinibles se le presentó la visión de la máscara griega con el cabello erizado, la contracción de espanto en su boca cuadrangular. Al volver en sí, vio que a su madre se acercaba una persona, de leve andar y forma escurridiza. Era Leré, envuelta en su mantón, y descalza, con medias. Había venido a echar un vistazo a la señora, y hallándola despierta, habló con ella. Acercose también Ángel, y doña Sales les riñó a entrambos por empeñarse en velar cuando menos necesidad había de que se molestasen. «Idos a acostar -les dijo. Y tú, Ángel, no seas terco, ni me enfades. Vete a tu cuarto y descansa, que quizás lo necesites más que yo. Leré, que tiene el sueño ligero, me dará la digital. Además yo me voy a quedar dormida ahora mismo pues ya me está entrando un sueño que no me lo merezco».
Guerra no se dio por convencido; pero salió un rato a fumar un cigarro, y al volver, media hora después, a la alcoba de su madre, encontró a ésta sola y tan despierta como antes. A las interrogaciones cariñosas del hijo, contestó que, a pesar del insomnio, se, sentía muy bien. La buena señora no tenía ya fuerzas en su espíritu para guardar ante el delincuente aquella reserva y compostura que se había impuesto.