Explore "Silas Marner" by George Eliot on Textopian. Read with annotations and highlights.
Un momento después, sin embargo, pareció que los fantasmas fueran de naturaleza más condescendiente que lo que pretendía el señor Macey, porque de pronto se vio la figura pálida y flaca de Silas Marner. De pie entre la luz cálida de la pieza, no profería palabra, pero giraba por la asamblea la mirada de sus ojos extraños y sobrenaturales. Las largas pipas hicieron un movimiento simultáneo, como el de las arterias de insectos asustados. Todos los presentes, sin exceptuar al escéptico herrador, tuvieron la impresión de que veían a un aparecido y no a Silas Marner en carne y hueso. En efecto, la puerta por que había entrado Silas estaba oculta por los bancos de alto respaldar, y nadie había advertido su llegada.
Se podría suponer que el señor Macey, sentado muy lejos del aparecido, gozaba con el triunfo de sus argumentos, triunfos que debían tender a neutralizar su parte en la alarma general. ¿No había dicho siempre que cada vez que Silas Marner tenía un extraño éxtasis, su alma se libraba de su cuerpo? La prueba estaba allí. Sin embargo, todo bien considerado, no hubiera estado menos satisfecho sin la aparición. Durante algunos instantes reinó un silencio de muerte: el cansancio y el jadeo no le dejaban hablar a Marner. El tabernero, impulsado por el sentimiento que constantemente le animaba, que era su deber de tener casa abierta para todos y confiando en la protección de su inconmovible neutralidad, tomó al fin sobre sí la tarea de conjurar el espíritu.