Explore "Silas Marner" by George Eliot on Textopian. Read with annotations and highlights.
Había una persona -- se la adivinará sin esfuerzo -- que más que cualquiera otra observaba con viva, con secreta solicitud el desarrollo próspero de Eppie, bajo la influencia de los cuidados del tejedor. Esa persona no se atrevía a hacer nada que diera a suponer que tenía interés especial por la hija adoptiva de un pobre hombre y no el que debía esperarse de la bondad de un joven squire, al que un encuentro fortuito sugería la idea de gratificar con un pequeño presente al pobre viejo mirado por todos con benevolencia. Pero esa persona se decía que llegaría el día en que podría hacer algo por aumentar el bienestar de su hija sin exponerse a las sospechas. Entretanto, ¿lo mortificaba mucho la imposibilidad en que estaba de darle a aquella niña sus derechos de nacimiento? No sabría decirlo. Eppie era bien atendida. Sería feliz probablemente como lo son a menudo las gentes de humilde condición, más feliz quizá que las que son criadas en el lujo.
Aquel famoso anillo que pinchaba al príncipe toda vez que olvidaba sus deberes para entregarse al placer, yo me pregunto si lo pinchaba vivamente cuando partía para la caza, o bien si le hacía entonces una leve picadura y no lo hería en carne viva sino cuando la cacería había terminado hacía tiempo y la esperanza, replegando las alas, miraba hacia atrás y se convertía en placer.