Explore "Renacimiento por el mar" by Jules Michelet on Textopian. Read with annotations and highlights.
Es dar un paso muy grande y brusco el que abandona á París en tan bello momento dirigiéndose á la desierta playa; París, resplandeciente entonces con sus magníficos jardines y sus floridos castaños. Junio se deslizara de un modo encantador en la costa si se encontraban dos personas solas, antes de invadirla la muchedumbre. Mas, cuando uno llega solo, la conversación con el mar y la noble sociedad de aquel gran solitario no dejan de producir cierta tristeza.
En las primeras visitas que hacemos á la playa, la impresión que nos causa es poco favorable: la hallamos monótona, agreste, árida. La inusitada grandeza del espectáculo nos hace sentir, por contraste, nuestra debilidad y pequeñez: el corazón se oprime. El pecho delicado que respiraba dentro de una mala habitación y se encuentra repentinamente en el anchuroso cuarto del Universo, expuesto al sol y el viento, siéntese oprimido. El niño juega, va, viene, corre. La enferma se sienta, é inmóvil, comienza á temblar á impulsos de aquel aire frío, y acude á su memoria la templada atmósfera del abandonado nido. Sin embargo, el hijo se divierte y esto la consuela un tanto.