Explore "El Niño de Guzmán" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
El hotel nuevecito, flamante, de los duques de la Sagrada -que representan dentro de la grandeza española la preclara estirpe de los Noroñas y Sahagunes, enlazada con la no menos ínclita de los Cachupines de Laredo, ya linajudos en tiempo de Miguel de Cervantes Saavedra- no se eleva en la misma Concha de San Sebastián, sino pueblo afuera, camino de la residencia regia de Miramar -gozando de aires puros y de grato silencio semicampestre. «Siempre me encontrarán cerca de la monarquía», suele decir el Duque, aficionado a discretear y a jugar del vocablo, sobre todo cuando no le rendían los años ni le abrumaban los achaques. Tiene el hotel delante su verja negra y oro, cerrando una escalinata; su jardín de canastillas de grass, con las indispensables musas y las eternas coníferas, bien regadas y charoladitas; a la derecha del jardín las cuadras y cocheras, de estilo británico, amplias, suntuosas; a la izquierda un invernáculo reducido, de plantas de hoja rara, pintorreada y velluda, que el jefe de comedor saquea para armar sus centros de mesa, y la camarera mayor para poblar las jardineras de los tocadores.
Interiormente, la mansión ducal -sin lujo asiático ni maciza suntuosidad- es coquetona, atractiva, decorada con acierto y gusto.