Explore "Una Cristiana" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
El gran portalón se abrió. Estábamos en un patio, todo poblado de arbustos y tupido de enredaderas, que trepaban por la fachada de la quinta, sin dejar adivinar mucho de su arquitectura. Enredaderas y arbustos estarían cuajados de flor, porque allí olía a gloria, a ese perfume divino, inaccesible a la ciencia del químico y que únicamente destila en sus misteriosos alambiques la natura.
Sentadas en bancos de piedra y sillas metálicas, tomando la luna, vimos a unas cuantas personas que se levantaron al entrar nosotros y vinieron al encuentro del Padre con exclamaciones de júbilo. Como sólo a él hicieron caso en los primeros instantes, pude enterarme bien de la composición del grupo. En primer término mi tío, vestido de dril claro, próximo a una señorita de mediana estatura, de silueta elegante y airosa, que al ver al Padre exhaló un chillido de gozo. A la izquierda un señor ya machucho, calvo, con bigotes… el suegro, un curita sumamente joven, casi un niño, una muchachona espigada, como de dieciséis años, y una chiquilla que no pasaría de doce. Todos se apiñaban alrededor del Padre, dándole la bienvenida con greguería confusa. Por fin se acordaron de mi existencia, y mi tío hizo la presentación: