Explore "Una Cristiana" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquel día, cuando subimos a tomar café al «cenador», donde ya a prevención había sillas, bancos y veladores rústicos en cantidad suficiente, el Tejo estaba más atractivo que nunca. Una brisa fresca, procedente de la Ría, hacía ondular ligeramente las ramas; el sol, hiriendo de lleno su copa, la doraba y arrancaba del árbol ese perfume penetrante y algo resinoso que aumenta en nuestro corazón la embriaguez de la vida. La altura a que nos hallábamos suspendidos podía persuadirnos de que éramos aves; a mí se me ocurrió que los pájaros tenían bien grata morada en el seno del coloso; y de repente, como si la naturaleza se complaciese en infundirme uno de esos deseos imposibles de satisfacer con que ilude a los mortales, me entraron ganas, mejor diré ansias y soledades de volar, de perderme en aquellos espacios azules, puros e inmensos que veíamos al través de las aberturas que siempre ofrece el ramaje. Cuando noté que estaba envidiando a las gaviotas que allá a lo lejos descendían sobre los peñascos de San Andrés, me acusé de insensato y haciendo un esfuerzo atendí a la conversación.
Llevaba la voz cantante, como no podía menos de suceder, el Padre Moreno, afirmando una vez más a su auditorio que él se había encontrado siempre mejor en Marruecos que en España; mejor entre moros que entre cristianos «de estos de por acá».