Explore "La Prueba" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando evoco el recuerdo de los días siguientes, creo evocar el de una larga pesadilla; y, sin embargo, no pasarían de quince; pero en ellos mi estado moral fue tan penoso y violento que pensé que mis nervios se desatasen definitivamente. Mi tío, después del episodio del comedor, en vez de alejarse de su mujer, se mostraba con ella más que nunca… ¿diré rendido? No; pero solícito y afanoso, como quien echa de ver que ha descuidado el cultivo de una finca importante y se propone reparar la omisión. A alguna idea semejante, característica de la naturaleza codiciosa del hebreo, respondía indudablemente aquel no apartarse de Carmiña ni de día ni de noche, aquella especie de frenesí conyugal, aquella intimidad restablecida plenamente, con circunstancias propias de luna de miel. Y si no eran rasgos de propietario celoso de sus derechos, ¿qué significaban la frialdad repentina que me demostraba a mí, el no dirigirme la palabra en la mesa, el concederme sólo pocas, humillantes y secas frases, citando antes puede decirse que sólo charlaba conmigo? Mi posición en la casa, durante la feroz quincena, llegó a ser depresiva, análoga a la de un pariente sostenido por caridad, o de un importuno tácitamente despachado a cada momento, y que no acaba de entender las indirectas. Aquella tirantez debieron de percibirla hasta los criados, aunque eran dos ejemplares célticos traídos del riñón de Galicia, que a duras penas empezaban a desasnarse, cuanto más a leer en el alma de sus amos -lectura que es la borla de doctor de los sirvientes. Pero la hostilidad y el desdén de mi tío eran tales, que saltaban a los ojos. Notolos Camila Barrientos, y una noche se emancipó hasta embromarme disimuladamente sobre lo celoso que era el tío y lo desagradable que resultaba la posición de un muchacho alojado en casa de un matrimonio. Como yo estaba tan desequilibrado, recuerdo que se me fue la lengua y contesté muy destempladamente a la presunta señorita candorosa. La cual, en vez de formalizarse, me pidió excusas en voz queda, y como yo se las implorase a mi vez, me dijo algo que me preocupó, no sé si porque a la sazón todo me preocupaba.
-Su tío de usted me parece que ha cambiado muchísimo de carácter. Antes era una persona bastante corriente; bromeaba con nosotras, estaba de buen humor, discutía… Ahora parece, o enfermo, o maniático. ¿No se ha fijado usted? Pues fíjese: lo notó mamá lo mismo que nosotras.