Explore "Pascual López" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
No hay nadie medroso a las doce del día (tratándose de miedo a cosas sobrenaturales). Yo, en aquel momento, ante el rayo de sol que cruzaba la vidriera e iba a besar jocundo la caleada pared, me hallé poseído únicamente de vergüenza terrible, recordando mi poquedad de ánimo y mi humillante escapatoria. Onarro estaba allí con su gabán color nuez, su floja y desaliñada corbata; a su lado, en la mesilla, reposaban las antiparras; y sus grises ojos, en mí clavados, se teñían de la benévola suspicacia que caracteriza las pupilas del gato doméstico, tigrecillo siempre receloso y siempre maligno en su mansedumbre. Onarro fue el que entabló el coloquio, que yo no supe ni quise.
-Ahí tiene usted su capa -me dijo señalando con el dedo al irrefragable testimonio de mi cobardía.