Explore "Fortunata y Jacinta" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Jacinta estaba alarmadísima, medio muerta de miedo y de dolor. No sabía qué hacer ni qué decir. «Hijo mío-exclamó limpiando el sudor de la frente de su marido-, ¡cómo estás… ! Cálmate, por María Santísima. Estás delirando».
-No, no; esto no es delirio, es arrepentimiento-añadió Santa Cruz, quien, al moverse, por poco se cae, y tuvo que apoyar las manos en el suelo. ¿Crees acaso que el vino… ? ¡Oh! no, hija mía, no me hagas ese disfavor. Es que la conciencia se me ha subido aquí al cuello, a la cabeza, y me pesa tanto, que no puedo guardar bien el equilibrio… Déjame que me prosterne ante ti y ponga a tus pies todas mis culpas para que las perdones… No te muevas, no me dejes solo, por Dios… ¿A dónde vas? ¿No ves mi aflicción?