Explore "La niña de Luzmela" by Concha Espina on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aprovechó Carmen aquel afortunado momento para escaparse. Tenía en el desván un pequeño refugio donde había pasado muchas horas de miedo y de dolor.
Era un cuartito con una tronera alzada sobre el alero del tejado; nadie le habitaba, y ella solía subir allí a ver cómo el sol pasaba por el valle, a mandar un beso a la torre lejana de Luzmela y una oración al alto cementerio, donde su protector dormía ajeno a tanta desventura.