Explore "La niña de Luzmela" by Concha Espina on Textopian. Read with annotations and highlights.
Carmencita tendía desolada sus manos en las tinieblas, a tientas en su senda, otra vez nublada por densa nube. Así andando, despavorida entre la sombra, llegó a la parroquia de la aldea, y se arrodilló delante de un confesonario.
Dijo sus dolores al padre cura, y el buen señor, compadecido, le dió unos consejos llenos de santa intención, y le dió, también, un librito de letra diminuta, escrito por un tal Kempis.