Explore "El papagayo de Huichilobos" by Manuel Romero de Terreros on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando el Duque de Ayamonte me nombró bibliotecario y archivero de su ilustre casa, creí que mi vida iba a deslizarse tranquilamente en los bajos de su palacio de Madrid; y hasta ví en lontananza la publicación de varios trabajos de índole histórica, que desde hacía muchos años codiciaba, y los cuales, sin embargo, permanecen inéditos, su mayor parte todavía dentro de mi tintero. Todo lo contrario de lo que yo esperaba, el magnate resultó ser un investigador incansable, y mientras él dedicaba largas horas a explorar en los archivos de la Corte, me enviaba a menudo en busca de documentos a Provincias.
Así fué que en el verano pasado dí con mis cansados huesos en la histórica y hoy muerta ciudad de Alcalá del Río, en lugar de marcharme, como hubiera deseado, a veranear a la costa. Estaba yo en vísperas de contraer matrimonio, y aunque el sueldo que disfrutaba no era corto, no desperdiciaba medio alguno de hacer economías. Por lo tanto no quise alojarme en el principal hotel de la localidad, que a pesar de ser malo era caro, sino que busqué más modesta vivienda. Después de recorrer varias fondas, decidí aceptar la habitación que en su casa me brindaba cierta viuda, mediante muy reducido estipendio. Era una pieza humildísima, sin duda alguna, pero limpia como una patena, y lo que más me atrajo fue el risueño aspecto de su balcón. Como soy ignorante en botánica, no podré decir con exactitud qué plantas eran las que tan profusamente lo adornaban, pero me parece que las que crecían en el viejo bote de petróleo eran azáleas, y estoy seguro que había hortensias en una barrica, geránios en varios cacharros desportillados, y "nomeolvides" en una lata de sardinas. Desde el interior del cuarto, sólo se veía el muro de la torre de la Catedral, pues la calle que mediaba era sumamente estrecha; pero cuando me asomé al balcón, grata fué mi sorpresa al hallar que había delante del famoso templo una plazoleta con árboles, y que como aquella era la parte más alta de la ciudad, dominaba la vista las extensas y pintorescas vegas del contorno.