Explore "El comendador Mendoza" by Juan Valera on Textopian. Read with annotations and highlights.
Tantos años de pesares y de tormentos habían ido destruyendo la salud de Doña Blanca. Su tristeza sin tregua; su oculta vergüenza, con la que de continuo tenía que verse cara á cara, sin poder hallar alivio comunicándola y confiándose á una persona amiga; sus luchas de compasión y de desprecio por su marido y de amor y de odio por el Comendador; su horror del pecado que creía sentir sobre ella y que le pesaba como lepra asquerosa é incurable; su orgullo ofendido; su temor del infierno, al que á veces se creía predestinada, y su preocupación incesante de la suerte de Clara, á quien amaba con fervor y á quien en ocasiones aborrecía, como vivo testimonio de su más grave falta y de su más imperdonable humillación, habían influido lastimosamente sobre todos los órganos de aquella vida corporal.
Doña Blanca hacía mucho tiempo estaba sujeta á frecuentes paroxismos histéricos. Había momentos en que le parecía que se ahogaba: un obstáculo se le atravesaba en la garganta y le quitaba la respiración.