Explore "Belarmino y Apolonio" by Ramón Pérez de Ayala on Textopian. Read with annotations and highlights.
Fué el jueves Santo, por la noche. Habíamos cenado en la habitación de don Guillen. El canónigo fumaba un cigarro largo y fino; yo, un cazador, ese tabaco oscuro, velloso y de sangre, tan enérgico, sutil y esencial provocador de ideas e imágenes que, a veces, sustituye con ventaja los beneficios del trato humano, sin sus inconvenientes y molestias. Como dijo, siglos ha, Cristóbal Hayo, maestro físico de Salamanca, en loor del tabaco: usando del no se siente soledad. Don Guillén me lo había ofrecido, sabiendo que era la vitola más de mi gusto; delicado agasajo que yo le agradecí. No faltaban las copitas de coñac viejo.
Anoto estos detalles, quizás impertinentes, para que se vea que don Guillén era hombre atento a los detalles y moderado gratificador de los sentidos, de donde se deduce que, para él, la realidad externa existía, y que la aceptaba en toda su importancia, procurando solamente que el contraste con ella fuese lubrificado y terso.