Explore "Doña Luz" by Juan Valera on Textopian. Read with annotations and highlights.
La tristeza de doña Luz, pasados algunos días, tuvo más de dulce que de amarga: aunque no dejaba de ser tristeza, estaba mitigada por la satisfacción que sentía doña Luz de haber inspirado tan viva simpatía; por la declaración, hecha por el mismo Padre, de que ella no había sido coqueta, y por la absolución, que ella misma se daba, después de hacer un examen de conciencia muy rigoroso.
Doña Luz no tenía la culpa de aquel amor que agradecía, ni de aquella muerte que lamentaba.