Explore "Genio y figura" by Juan Valera on Textopian. Read with annotations and highlights.
Rafaela tuvo pronta y exacta noticia de cuanto había ocurrido, y su dolor fue muy hondo. Ella tendría sus defectos, pero no se puede negar que era leal y verídica, y que abominaba del embuste. Lo que había dicho a Arturito cuando le despidió era la verdad misma. Al dejar de quererle, como amante, había seguido queriéndole como si fuera su hijo: como criatura de su espíritu, ya que le había iluminado y mejorado. De aquí que la función de la Tejuca, triste prueba de la recaída del joven, abandonado por ella, bastó para afligirla; pero lo que la desoló, por no ofrecer ya remedio ni esperanza, fue la muerte violenta tan estúpida y brutalmente motivada.
Rafaela, distando mucho de ser merengue de fresa, sin tener nada de empalagoso sino de brioso, atesoraba en el centro de su corazón un inexhausto manantial de cariño. No por reflexión ni por estudiadas teorías, sino por ciego e indomable instinto, era la mujer filántropa.