Al primer vuelo by José María de Pereda — Read

Explore "Al primer vuelo" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.

Dos pescadores que estaban trajinando en un bote cercano al muelle, vieron la llegada del "Flash" y el estado en que venía Leto; cómo salió Cornias enseguida escapado hacia Peleches; cómo el hijo de don Adrián, descompuesto y airado de semblante, no sabía lo que se hacía, y, en ocasiones, hablaba palabras sueltas con alguien que estaba encerrado en la cámara; cómo volvió Cornias después a todo andar, con un gran envoltorio entre brazos y acompañado de «la Gitana de Peleches» (así llamaban a Catana las gentes de Villavieja); cómo entregó Cornias a la andaluza el envoltorio, estando los dos en el "yacht"; cómo la andaluza y el envoltorio pasaron a la cámara; cómo Cornias tornó a subir al muelle y tomó a escape el camino de la villa; cómo no tardó un cuarto de hora en volver, con otro lío que puso en manos de Leto; cómo al cabo de otro cuarto de hora y salieron de la cámara la señorita de Peleches, muy elegante, y Catana con otro envoltorio que goteaba; cómo, después de darse la mano la señorita y Leto, muy afectuosamente, y de cambiar algunas palabras, Cornias cogió el lío que goteaba, y, echándosele al hombro, salió del "yacht" con las dos mujeres; cómo Leto desde abajo y la señorita desde el muelle, volvieron a despedirse con la mano, de palabra y con los ojos; cómo los tres desembarcados se fueron por el camino del Miradorio, y Leto se encerró en la cámara con su correspondiente lío, para salir, un buen rato después, mudado de pies a cabeza y vestido «de cristiano»; cómo anduvo trajinando en el "yacht". y cómo, en fin, reapareció Cornias en el muelle, sudando el quilo, sin pizca ya de negro en los ojos, y bajó al "yacht", y se quedó en él, y se marchó Leto hacia su casa. con un manojito de herbachos y de flores ruines en la mano, pero que debían tener algún mérito, por el cuidado con que las guardó en un bolsillo.

Todas estas cosas y la cara de susto que notaron en la señorita, en la gitana y en Cornias, y de veneno en el hijo de don Adrián, tan alegrote de suyo, pusieron la curiosidad de los pescadores en una tirantez insoportable.

Reading navigation