Explore "El Intruso" by Vicente Blasco Ibáñez on Textopian. Read with annotations and highlights.
El amanecer era de verano, sin una nube en el cielo, delatándose la proximidad de la salida del sol con un celaje de color de sangre que apagaba el último parpadeo de las estrellas.
Despertaba Bilbao. Silbaban las locomotoras anunciando los primeros trenes para Portugalete y Las Arenas, y pasaban corriendo por el Arenal, con la comida envuelta en un pañuelo, los obreros que tenían su trabajo en las orillas de la ría. El Nervión mostrábase entre la bruma de su profundo cauce, con una brillantez azulada de acero. Dos anchas fajas de barro marcaban en los malecones el descenso de la marea.