Explore "Morsamor" by Juan Valera on Textopian. Read with annotations and highlights.
De vez en cuando, creciendo en importancia y en frecuencia e interrumpiendo la monotonía de la vida claustral, llegaban al convento noticias vagas y confusas que revelaban una pasmosa renovación en la vida social de la recién formada nación española. Los ideales, por susto de cuya ausencia se había refugiado Fray Miguel en el claustro, brotaron entonces en el suelo fecundo de España, le cubrieron todo y vinieron a llamar con estrépito en su celda al desengañado solitario.
Mientras que Fray Miguel vivía vida contemplativa y obscura, una vida fecunda en acciones maravillosas se había desenvuelto en toda nuestra Península, salvando sus límites y confines, y derramándose con irresistible expansión por el mundo todo. Los reyes unidos de Aragón y Castilla habían vencido a los portugueses en Toro, vengando la afrenta de Aljubarrota; habían conquistado el hermoso reino de Granada; habían expulsado de Italia a los franceses, enseñoreándose de Nápoles y de Sicilia. Un aventurero genovés había ofrecido llegar a Cipango y al Catay, atravesando con sus naves el nunca surcado y tenebroso mar de Sargaso, y el aventurero había descubierto extensas y hasta entonces incógnitas regiones, donde había ido a plantar la cruz del Redentor y el pendón de Castilla, dejando entrever y haciendo augurar que la tierra en que vivimos es mayor de lo que se pensaba y que todo lo oculto y misterioso que hasta entonces había habido en ella, iba a revelarse y a manifestarse a nuestros ojos y a ser dominado por castellanos y aragoneses.