Explore "Los muertos mandan" by Vicente Blasco Ibáñez on Textopian. Read with annotations and highlights.
Llegó el invierno. El mar batió furioso, en ciertos días, la cadena de islas y peñascos que forma entre Ibiza y Formentera una muralla de rocas, aportillada por estrechos y freos. En estos pasadizos marítimos, las aguas, antes tranquilas, de un azul profundo que refleja los fondos de arena, arremolinábanse lívidas, chocando contra las costas y las rocas sueltas, que desaparecían y emergían en la espuma.
Entre la isla del Espalmador y la de los Ahorcados, donde se abre el paso para los grandes buques, deslizábanse éstos teniendo que luchar con el ímpetu sordo de las corrientes y los dramáticos y ruidosos golpes de agua. Las embarcaciones de Ibiza y Formentera tendían la lona de su velamen para navegar al abrigo de los islotes. Las sinuosidades de este laberinto de tierras marítimas permitían a los navegantes del archipiélago de las Pitiusas ir de una isla a otra por distintos derroteros, con arreglo a la dirección de los vientos. Mientras en un lado del archipiélago mugía el mar, en el otro manteníase inmóvil y profundo, con una pesadez de aceite.