Explore "La Montálvez" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Luz tenía diez y ocho años cuando su madre se decidió a sacarla para siempre de su escondrijo. A ésta le remordía algo la conciencia, por parecerle demasiado larga la prisión; a la prisionera le daba lo mismo irse que quedarse, si es que no prefería aquella vida de invernadero en que se había desarrollado, a las intemperies de un mundo que desconocía.
Grandes fueron los temores y sobresaltos de la marquesa, como ya se dijo, cuando por primera vez tomó en sus brazos a su hija; pero fueron mucho más grandes al trasponer las puertas de su encierro con ella, ya mujer, y mujer que parecía modelada en la mente de un escultor enamorado. Tan singular era su belleza. De niña la conocimos recibiendo las caricias de Guzmán; y también sabe el lector, bajo la fe de nuestra palabra, que tres años después todo había crecido en ella con prodigioso equilibrio: lo físico y lo moral, las perfecciones del cuerpo y las del alma. Pues a los diez y ocho era eso mismo, en las debidas proporciones.