Explore "La Montálvez" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Llegó sereno, llamó con brío, preguntó lo que es de costumbre; y sin aguardar la respuesta, para ganar tiempo y economizar trámites, dio su nombre y apellido antes que se los pidieran. Como si sonaran allí a muy conocidos, abriéronle la puerta de par en par; rogáronle que entrara; le condujeron a un salón que estaba enfrente, y le pidieron el favor de que aguardara unos instantes.
El tal salón era un completo museo de riquezas de buen gusto; pero Ángel no tenía los suyos en disposición de entretenerse contemplando aquellas pompas de la vanidad mundana. Miraba sin ver lo que tenía delante de los ojos, y sólo estaba atento a los minutos que corrían sin que saliera la señora cuyos pareceres iba buscando él allí; porque hasta temía que con una larga espera en tan extraño lugar se le fueran entibiando los propósitos y acobardando los bríos.