Explore "La nariz de un notario" by Edmond About on Textopian. Read with annotations and highlights.
Llamábase Romagné, por su padre. Sus padrinos le habían puesto, al bautizarle, Sebastián; pero, como era natural de Frognac-les-Mauriac, departamento de Cantal, invocaba a su patrón bajo el nombre de "Chan Chebachtián". Todo hace presumir que había escrito su nombre con "ch"; pero, afortunadamente, no sabía escribir. Este hijo de la Auvernia contaba veinticuatro o veinticinco años de edad, y poseía la constitución de un verdadero Hércules: alto, grueso, rechoncho, colorado; fuerte como un buey de labor, dulce y fácil de conducir como un corderillo blanco. Imaginaos un hombre fabricado de la pasta mejor, al par que la más grosera.
Era el mayor de diez hijos, entre mujercitas y varones, que tragaban y bullían bajo el techo paternal. Su padre poseía una cabaña, un pedazo de tierra, algunos castaños en el monte, media docena de cerdos, y dos brazos para cavar el terreno. La madre hilaba cáñamo; los varones ayudaban al padre; las mujercitas arreglaban la casa y se cuidaban las unas a las otras, haciendo la mayor de niñera de la más pequeña, y así todas las otras, hasta terminar la escala.