Historia de una parisiense by Octavio Feuillet

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El señor de Monthélin, es necesario decirlo, viéndose desembarazado de su rival, el conde de Lerne, había recobrado poco a poco su antiguo papel de suspirante y amigo. Por aquel entonces, creyose ver seriamente alentado, y empezó a abrigar esperanzas que no creía ilegítimas, cuando un nuevo acontecimiento vino a trastornar sus manejos.

A más de los huéspedes habituales del castillo, el señor de Maurescamp invitaba de tiempo en tiempo a las cacerías de la Venerie, a algunos oficiales de la guarnición de Compiègne, a quienes había conocido en París, en las cacerías de los bosques. Entre estos oficiales, que eran casi todos de la mejor sociedad, había uno que hacía excepción, y que todos se admiraban verlo admitido en la Venerie. Era un joven capitán de cazadores, llamado Sontis, bien nacido, pero mal educado, de un libertinaje insolente, y de costumbres groseras. Su físico no compensaba lo que le faltaba en educación social y moralidad. Era pequeño, feo, de color bilioso, muy delgado, con escasos cabellos de un rubio claro y ojos grises, de una expresión dura y cínicamente burlones. Pero era un, "sportsman", completo; en materia de equitación, de carreras, de caza, y generalmente en todo lo concerniente al "sport", era no solamente un conocedor de los más competentes, sino un ejecutante de una habilidad superior. Esas cualidades especiales habían cautivado al señor de Maurescamp, quien se había propuesto, hacía ya algún tiempo, hacerse criador y montar una caballeriza de cacerías; no cesaba de tener conferencias sobre tan importante asunto con el capitán de Sontis, y apreciaba altamente sus preciosos consejos.

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