Explore "Historia de una parisiense" by Octavio Feuillet on Textopian. Read with annotations and highlights.
En seguida de esta escena, cuyas consecuencias amenazaban ser trágicas, la mayor parte de los invitados se eclipsaron discretamente; los vecinos de la campaña tomaron sus carruajes, precipitadamente, y los otros el tren de la tarde para irse a París. En el castillo, sólo quedaron los amigos más íntimos. El capitán había sido, naturalmente, el primero que se retirara. Había ido a instalarse por aquélla noche en el hotel más próximo a la Venerie. Siendo inevitable un duelo, dos oficiales de su regimiento, que habían asistido también a la comida, se pusieron inmediatamente de acuerdo con los señores de Hermany y de la Jardye, que debían ser nuevamente los padrinos del barón. No volveremos a fatigar a nuestros lectores con los detalles de los preparativos que se hicieron entre los padrinos de ambos rivales. Se comprende que no se trató de ninguna clase de arreglo; en cuanto a la elección de las armas, claro está que el señor de Maurescamp, después de lo que había pasado en las diferentes ocasiones que habían tirado el florete con de Sontis, habría preferido la pistola; pero si el acto de tan mal gusto del oficial, de aceptar la oferta de la señora de Maurescamp, habíale dado al marido el papel de ofendido, éste había perdido su derecho, dejándose llevar de otro más sangriento. Por otra parte, el orgullo del señor de Maurescamp, inspirándole bien, le hizo aceptar la espada sin trepidación, cualesquiera que fuesen las consecuencias.
Fue resuelto que el encuentro se verificase a la mañana siguiente a las diez, en un claro del bosque de Marnes, contiguo a la Venerie, porque no pareció conveniente hacerlo en los mismos dominios del barón de Maurescamp.