Explore "Lázaro casi novela" by Jacinto Octavio Picón on Textopian. Read with annotations and highlights.
A sí llegó para Lázaro el momento decisivo de la lucha, el instante supremo en que las vacilaciones y las dudas habían de resolverse, informando en uno u otro sentido una resolución que decidiera de su vida.
La inexperiencia de la edad y la docilidad de la ignorancia le hicieron, casi niño, aceptar con alegría una misión, a la cual pensó dedicarse por completo, consagrándola la actividad de la inteligencia y el entusiasmo de la fe. Los que labraron su espíritu le hallaron dúctil y obediente para recibir las doctrinas de lo pasado, que fueron amoldándose a su pensamiento como el líquido al vaso. Nunca hubo hombre colocado en mejores condiciones para cumplir debidamente las exigencias de su sagrado ministerio. Aún resonaban en su oído las palabras del Obispo cuando llegó a la corte y penetró en la vida moderna, no para llevar la agitada existencia del que vive al día, sin saber hoy dónde comerá mañana, sino para pasar las horas tranquila y reposadamente, sin más cuidados que cumplir con el formalismo y las exterioridades necesarias de una casa donde el capellán era un artículo de lujo. Tuvo a su disposición un templo, de que vino a ser señor y dueño. Fue libre de día para sus obras de caridad, facilitadas por la liberalidad de los duques; fue libre de noche para las meditaciones y los rezos; ninguno tendió redes a su buena fe, ni lazos a su tranquilidad; no hubo de luchar con nadie, y, sin embargo, su espíritu se volvió contra los que le enseñaron; su vida fue agitada, y su entusiasmo decayó lentamente. Sin olvidar los consejos del Obispo, llegó a entenderlos como inspirados por un ideal distinto; dejó que sobre los altares de la capilla fuese posándose el polvo de la incuria; la caridad sirvió para amargarle con el espectáculo de las miserias sociales; las oraciones fueron trasformándose en las impías preguntas de la duda; las noches cedieron al insomnio; perdió la paz del alma, y sin faltaren nada voluntariamente a sus promesas, vio moralmente quebrantados sus votos. La misión que le impusieron y él aceptó confiado en leales propósitos, llegó a parecerle tarea superior a sus fuerzas, y como el acero brillante puesto al fuego va oscureciéndose y empavonándose con tonos apagados, su ánimo juvenil y ardoroso fue sintiendo trasformarse los bríos en decaimiento y flojedad. Cuando llegó a convencerse de que no podía ser feliz, todo le pareció imposible, todo mentira.