Explore "Mi Tío y Mi Cura" by Alice Cherbonnel on Textopian. Read with annotations and highlights.
Hacía tres semanas que me hallaba en el Pavol y mi tío pretendía que en ese lapso de tiempo, había embellecido tanto, que sí me llegara a encontrar el cura, no le fuera posible reconocerme. Comparábame a esas plantas de mucha savia, que brotan hermosas en terreno ingrato, porque son lozanas de por sí, pero que trasplantadas a tierras propicias a su naturaleza, se desarrollan de pronto de un modo increíble. Cuando me miraba al espejo, convencíame de que mis ojos pardos tenían nuevo brillo, mi boca más frescura, y de que mi tez de meridional, adquiría matices róseos y delicados, que me producían vivísima satisfacción.
Sin embargo, algunos días después del almuerzo de que he hablado, descubrí de un modo cierto que me había engañado groseramente, creyendo con toda simpleza, que el señor de Couprat estuviese enamorado mí. Sin embargo, como nunca he sido pesimista, me apresuré a argüir para consolarme. Díjeme que los corazones no deben estar precisamente formados de la misma manera; que si algunos se dan en un minuto, otros tienen la facultad de meditar y estudiar antes de enamorarse; que si el señor de Couprat no me amaba aún, eso tenía que suceder hoy o mañana, dado que era evidente, que existía entre nuestros gustos y caracteres respectivos una innegable semejanza. De modo que aunque la decepción hubiese sido grande, no conmovió profundamente mi tranquilidad por buen número de días. Me expandía en un ambiente simpático a todos mis gustos y me regocijaba al calor de mi felicidad, como un lagarto al resplandor del sol.