Explore "Fiebre de amor" by Eugenio Fromentin on Textopian. Read with annotations and highlights.
Algunas semanas después, el señor D'Orsel se trasladó a un establecimiento de baños termales pretextando motivo de salud y de recreo, pero en realidad por razones particulares de las cuales me enteré más tarde. Magdalena y Julia le acompañaron.
Aquella separación -- de la que cualquier otro se hubiera lamentado como de un desgarramiento -- me libertó de un gran apuro. Ya no me era posible vivir cerca de Magdalena siempre cohibido por la invencible timidez que su presencia me causaba. Huía de ella. El hecho de mirarla cara a cara constituía para mí un verdadero desplante de audacia. Viéndola tan tranquila, cuando yo estaba tan turbado, encontrándola tan perfectamente bella, cuando tantos motivos tenía yo para reconocerme desagradable con mi traje de colegial y mi aspecto de campesino desgalichado, invadía todo mi ser un sentimiento de inferioridad humillante que me llenaba de desconfianzas, transformando la más sencilla familiaridad en sumisión sin dulzura, en ruin servidumbre con asomos de esclavitud. En una palabra, Magdalena me daba miedo, me dominaba antes de seducirme: el corazón tiene las mismas ingenuidades que la fe: todos los cultos apasionados empiezan así.