Tristán o el pesimismo by Armando Palacio Valdés

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Algunos días después salieron de Madrid. Viajaron por Suiza y por Alemania; en el mes de octubre visitaron a Inglaterra. A Madrid regresaron bien entrado ya noviembre. El viaje ejerció influencia saludable en el temperamento de Tristán, serenando sus ideas y amortiguando sus celos. Mostrose en el transcurso de aquellos meses con su joven esposa lo que era realmente, galante, sensible, extremadamente afectuoso. Hasta pudo pagarle en Suiza aquel auxilio solícito que le prestara cuando cayó del caballo. También la intrépida Clara resbaló en una de sus excursiones alpestres, desapareciendo de la vista de Tristán, quien se lanzó por la escarpada pendiente en su auxilio y rodó por ella sin lograr prestárselo. Felizmente ambos quedaron detenidos en una mata de arbustos y se salvaron de una muerte cierta. Clara fue quien primero se alzó. Rojos de emoción, con lágrimas en los ojos se abrazaron estrechamente y se besaron en medio de la soledad de aquellas montañas que una vez al menos se mostraron piadosas. Clara era dichosa. Sin embargo, el recuerdo fatal de su primera noche de novia le asaltaba alguna vez estremeciéndola; fue una visión siniestra que la persiguió toda la vida.

Cuando llegaron a Madrid, sus hermanos aún no se habían instalado en el nuevo hotel de la Castellana: los últimos retoques habían llevado más tiempo de lo que pensaban. Fuéronse a pasar unos días con ellos al Escorial para dar satisfacción al cariño fraternal de Clara y algo también a su afición a la caza. Era el tiempo propicio: días claros y frescos: la gentil cazadora los empleaba corriendo por el monte a tiros con las perdices y conejos.

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