Explore "El sombrero de tres picos" by Pedro Antonio De Alarcón on Textopian. Read with annotations and highlights.
El Sr. Juan López, que como particular y como Alcalde era la tiranía, la ferocidad y el orgullo personificados (cuando trataba con sus inferiores), dignábase, sin embargo, a aquellas horas, después de despachar los asuntos oficiales y los de su labranza y de pegarle a su mujer la cotidiana paliza, beberse un cántaro de vino en compañía del secretario y del sacristán, operación que iba más de mediada aquella noche, cuando el Molinero compareció en su presencia.
-- ¡Hola, tío Lucas! (le dijo, rascándose la cabeza para excitar en ella la vena de los embustes). ¿Cómo va de salud? -- ¡A ver, Secretario; échele V. un vaso de vino al tío Lucas! -- ¿Y la señá Frasquita? ¿Se conserva tan guapa? ¡Ya hace mucho tiempo que no la he visto! -- Pero, hombre., ¡qué bien sale ahora la molienda! ¡El pan de centeno parece de trigo candeal! -- Conque., vaya. Siéntese V., y descanse; que, gracias a Dios, no tenemos prisa.