Explore "El enemigo" by Jacinto Octavio Picón on Textopian. Read with annotations and highlights.
En su primera época de estudiante, casi niño, no fue Pepe de esos muchachos que se sientan lo más cerca posible del maestro, aprendiendo de memoria, como loros, cuanto se les manda, antes por obediencia y aplicación irreflexiva que por verdadero amor a estudios que aún no entienden; pero tenía inteligencia sobrada para comprender que había de llegar un día en que de todas aquellas asignaturas y materias, que juntas querían meterle por fuerza de golpe en la cabeza, tendría que fijarse en alguna, decidirse y estudiarla, confiando a la perseverancia en el trabajo su porvenir y el amparo de los suyos. Durante esos años, en que el hombre ignora la realidad de sus tendencias y la índole de aquello a que debe dedicarse, él, entre dudas y vacilaciones, pugnaba por determinar "lo que sería", como si a todos permitiera la fortuna marcar el rumbo de su vida. Por fin, la afición a la historia y el interés que, apenas comenzó a hombrear, mostró para seguir en conversaciones o lecturas la marcha de los sucesos políticos -- tan agitados en aquel tiempo -- le hicieron inclinarse a la abogacía, carrera en que la antigüedad de los pueblos, la política, el derecho y las letras, aparecían a sus ojos formando, no un camino más o menos ancho, sino un conjunto de senderos que podían llevarle a suertes prósperas y varias. Su existencia tenía un fin doble, y así lo comprendía él: ser obrero de su propia fortuna y sostén de sus padres. Pero estas ideas no despertaban en su ánimo temor de lucha ni necesidad de abnegación.
Llegar a "ser algo", le parecía cosa natural. ¿No llegaban otros? Propósito de desinterés en aras de su familia, nunca lo hizo su pensamiento. Se dijo sencilla y espontáneamente que era necesario en su casa, que allí quien debía trabajar era él, sin imaginar jamás que sus más penosos esfuerzos por lograrlo pudieran llamarse abnegación o sacrificio, ni siquiera deber: lo haría porque sí, porque era el hermano mayor, el único hombre de la casa. En sus cálculos no entraba Tirso para nada. Si no, ¿quién lo haría?