Explore "El Manco de Lepanto" by Manuel Fernández y González on Textopian. Read with annotations and highlights.
Receloso estaba Cervantes, sospechando lo que acontecía, esto es, que testigos había habido de su repentino e inevitable delirio; y no sospechando nada de esto por su inocencia Margarita, y dominando cuanto pudo las huellas que en su semblante quedaban del frenesí de amor que por ella había pasado, con voz dulce y enamorada dijo:
-- Pues lo que contar de mis desdichas queda es tan breve, señor de mi alma, que muy presto habré terminado; mucho antes quizá de que doña Guiomar venga; que Dios sabe cuán largos pueden ser los asuntos por los que la Inquisición la busca.