El maestrante by Armando Palacio Valdés — Read

Explore "El maestrante" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.

El noble maestrante fácilmente dio con el autor de su deshonra. Así que leyó el anónimo y se recobró del susto, sus sospechas fueron a parar al conde de Onís. No otra cosa le empujó a ello que el parecido, que ahora advertía claramente, entre éste y la niña recogida. Por lo demás, o porque su excesivo orgullo le vendase los ojos, o porque Amalia había sabido tenerle engañado, jamás advirtió entre ellos más que una fría y ceremoniosa amistad que nada tenía de ofensiva. El mismo orgullo detuvo el curso de sus pensamientos amargos con esta consideración: ¿Por qué dar asenso a lo que el anónimo decía? ¿Por qué no suponer que se trataba de una vil calumnia con que algún enemigo quería envenenar su existencia? Mas el dardo había entrado tan profundamente en su corazón que no podía arrancárselo. Todas las consideraciones que su deseo le sugería no bastaban a destruir la gran certidumbre que, sin saber cómo, se le había colado de rondón en el cerebro. Algunos pormenores, que habían pasado para él inadvertidos, adquirieron de pronto alto relieve, se alzaron como antorchas encendidas para guiarle. El principal de todos era, como es natural, la enfermedad de su esposa coincidiendo con la aparición de la niña. Recordaba la extraña tenacidad con que se opuso a que subiese médico alguno a verla; luego el mimo, los cuidados exquisitos que se prodigaron a la criatura. Acudieron también a su memoria aquellas visitas que en otro tiempo hizo su esposa a la Granja con pretexto de escoger algunas plantas. Ninguna circunstancia quedó, referente a la amistad del conde y al hallazgo de la niña, que no revolviese y pesase en su pensamiento.

Tornose silencioso y meditabundo. La mirada dura de sus ojos hundidos se posaba con insistencia en Amalia siempre que ésta entraba en su habitación. En diferentes ocasiones se hizo traer la niña con cualquier pretexto y la contempló largamente, tratando de descifrar en los rasgos de su fisonomía el enigma de su existencia. Amalia observaba todo esto, y leía tan perfectamente en el cerebro de su esposo como en un libro abierto.

Reading navigation