Read "El filibusterismo" by José Rizal online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Matangláwin era el terror de Luzon. Su banda tan pronto aparecía en una provincia donde menos se la esperaba como hacía irrupcion en otra que se preparaba á resistirle. Quemaba un trapiche en Batangas, devastaba los sembrados; al día siguiente asesina al juez de Paz de Tianì, al otro sorprenderá un pueblo en Cavite y se apoderará de las armas del tribunal. Las provincias del centro, desde Tayabas hasta Pangasinan, sufrían de sus depredaciones y su nombre sangriento llegaba hasta Albay, en el sur, y en el norte, hasta Kagayan. Desarmados los pueblos por la desconfianza de un gobierno débil, caían en sus manos como fáciles presas; á su aproximacion, los agricultores abandonaban sus campos, los ganados se diezmaban y un rastro de sangre y fuego marcaba su paso. Matangláwin se burlaba de todas las medidas severas que se dictaban contra los tulisanes: de ellas solo sufrían los habitantes de los barrios, que cautivaba ó maltrataba si se le resistían, ó si pactaban con él eran azotados ó desterrados por el gobierno, si es que al destierro llegaban y no sufrían en el camino un mortal accidente. Gracias á esta terrible alternativa, muchos campesinos se decidían á alistarse bajo su mando.
Merced á este régimen de terror, el comercio de los pueblos agonizante ya, moría por completo. El rico no se atrevía á viajar, y el pobre temía ser preso por la Guardia Civil quien, obligada á perseguir á los tulisanes, cogía muchas veces al primero que encontraba y le sometía á torturas indecibles. En su impotencia, el gobierno hacía alardes de vigor en las personas que le parecían sospechosas, para que, á fuerza de crueldad, los pueblos no conociesen su flaco, el miedo que dictaba tales medidas.