El filibusterismo by José Rizal

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Su Excelencia el Capitan General y Gobernador de las Islas Filipinas había estado cazando en Bosoboso. Pero como tenía que ir acompañado de una banda de música -- porque tan elevado personaje no iba á ser menos que los imágenes de palo que llevan en procesion, -- y como la aficion al divino arte de Sta. Cecilia aun no se ha popularizado entre los ciervos y jabalíes de Bosoboso, S. E. con la banda de música y su cortejo de frailes, militares y empleados no pudo pillar ni un solo raton, ni una sola ave.

Las primeras autoridades de la provincia previeron futuras cesantías ó cambios de destino; los pobres gobernadorcillos y cabezas de barangay se inquietaron y no pudieron dormir, temiendo no vaya á antojársele al divino cazador sustituir con sus personas la falta de sumision de los cuadrúpedos del bosque, como ya lo había hecho años antes un alcalde viajando en hombros de polistas porque no había caballos tan mansos para responder de su persona. No faltó un mal intencionado susurro de que S. E. estaba decidido á hacer algo, porque en aquello veía los primeros síntomas de una rebelion que convenía sofocar en su cuna, que una caza sin resultados desprestigia el nombre español, etc., y ya se echaba el ojo á un infeliz para vestirle de venado, cuando S. E. en un acto de clemencia que Ben Zayb no sabía con qué frases encomiar, disipó todas las inquietudes, declarando que le daba pena sacrificar á su placer los animales del bosque.

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