Read "La invasión o El loco Yégof" by Erckmann-Chatrian online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Mientras Hullin se enteraba del desastre de nuestros ejércitos y mientras se dirigía lentamente, cabizbajo y preocupado, hacia la aldea de Charmes, todo seguía su marcha acostumbrada en la granja de «El Encinar». Nadie pensaba ya en el extraño relato de Yégof, nadie se cuidaba de la guerra; el viejo Duchêne llevaba los bueyes al abrevadero; el pastor Robin removía la cama del ganado, y Anita y Juana desnataban las ollas de leche cuajada. Catalina Lefèvre, sola, seria y callada, pensaba en los pasados tiempos, mientras vigilaba con aspecto impasible las idas y venidas del pequeño mundo que la rodeaba. Aquella mujer tenía demasiada edad y era demasiado seria para olvidar en un día lo que le había tan vivamente conmovido. Al llegar la noche, después de la cena, Catalina marchose a la sala contigua, en la que se le oyó sacar el libro de apuntes del armario y colocarlo en la mesa para ajustar sus cuentas como de ordinario.
Luego los hombres comenzaron a cargar un carro de trigo, legumbres y aves de corral, porque al día siguiente había mercado en Sarreburg, y Duchêne tenía que salir al amanecer.